La historia comienza en julio de 2008. Un octogenario llega a un pueblo de nombre ficticio (Rocalba) situado en el pirineo catalán, y en el que estuvo trabajando unos meses cuando tenía 17 años, época en la que conoció a su primer amor (Celia). Un amor que sólo duró aquel verano, y que estuvo marcado por problemas de adultos y de una determinada sociedad imperante en la época en muchos pueblos españoles.
Y pasamos a 1948, que es cuando tiene lugar el grueso de la historia que nos cuenta Anna Cabeza (VER FICHA AUTORA) en "Un día de trigo" (VER FICHA LIBRO). Ramón Arcás es un joven dibujante de 17 años que ha sido contratado por Josep Reguant, un reconocido etnógrafo del Museo de Industrias y Artes Populares. La labor de Josep será comprar antiguos utensilios de los empleados por la zona en labores domésticas, o como útiles de campo y aperos de labranza, o en otras profesiones; y la de Ramón será dibujar objetos, estancias, paisajes, vestimentas ... Todo ello para estudiar el estilo de vida de los pirineos durante una época determinada. Ramón consigue el puesto de trabajo porque tiene que sustituir, durante unos meses y por enfermedad, al dibujante habitual de Josep; con el tiempo supo que se trataba de la enfermedad "exilio súbito". Por todo ello, Josep y Ramón parten juntos en tren hacia Rocalba, su destino. Allí se hospedan en la finca de Roser Rumbau, una mujer que "a ojos del pueblo" no debería vivir sola; Rocalba es el típico pueblo donde mandan unos cuantos, y a los que el resto les tiene miedo. Allí la gran autoridad es el Alcalde Bricall y su secuaz Espelt, el dueño de la panadería y padre de Celia. A los pocos días de llegar al pueblo, el joven dibujante descubre al hermano de Roser, Félix, "desaparecido en la guerra", escondido dentro de un armario de una de las habitaciones de la planta alta de la finca. Pronto entablan amistad y Félix le cuenta que lleva 10 años escondido allí, y que su único delito en su día fue dar cobijo una noche a un amigo al que buscaban por rojo, sin haber cometido delito alguno tampoco. Así, de la noche a la mañana, cambia todo para Ramón. Un joven de 17 años, que en lo que deberían ser unos meses fantásticos para un chico de su edad (con su primer empleo, saliendo de casa por primera vez, y con el aliciente de haber conocido a Celia) se ve en medio de un ajuste de cuentas de la guerra civil entre la familia Roser y el pueblo. Al menos, dentro de la crudeza de los adultos, tiene a Celia para apoyarse en ella.
Todo estará bien mientras Bricall y Espelt no se enteren de nada. ¿Qué pasará con todos ellos? ¿Y por qué vuelve Ramón al pueblo tantos años después? Lo descubriréis leyendo esta novela corta que os recomiendo. Yo soy de las que disfruta con este tipo de lecturas (sobre la guerra civil y la postguerra). por lo que si también os gusta leer sobre este período os recomiendo la lectura de este libro. Me ha gustado, además, leer acerca de la etnografía, un trabajo en el que nunca me había parado a pensar ... Por cierto, otra portada que me encanta. Y con este libro os traigo otra nueva editorial que he descubierto hace poco: Bambú (VER WEB).
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